Las facultades superiores del hombre

Samael la vozEstimados hermanos: si solamente nos vamos a quedar nada más que en la teoría, pues vamos mal. Necesitamos ser prácticos, en un ciento por ciento. Entendamos que la Auto-Realización Intima del Ser, es cuestión de práctica.

Bien sabemos nosotros que entre las dos cejas, en la región del entrecejo, hay una glándula muy importante. Quiero referirme, esta vez, a la glándula Pituitaria. Ella excreta cierta clase de hormonas. En medicina se usa la “Pituitrina”, en la cuestión de Obstetricia, para acelerar los partos o ayudar a los partos. Esa glándula Pituitaria, incuestionablemente está gobernada por Venus, y Venus se halla asociada con el cobre.

Así pues que, en esa glándula hallamos nosotros desde el punto de vista psíquico, un Chacra o centro magnético. Este Chacra tiene dos pétalos y noventa y seis radiaciones.

Cuando gira este Chacra, se adquiere la Clarividencia. Pero ese Chacra puede girar de dos modos: si gira de izquierda a derecha, tiene usted la Clarividencia positiva ven cuando quieren ver y si ustedes no quieren ver, pues sencillamente no lo usan, no ven; más si quieren ver, ven, pero cuando ese Chacra gira negativamente de derecha a izquierda, entonces ven contra su voluntad; se convierten sencillamente, en “médiums vivientes”, tal como lo enseña el espiritualismo o espiritismo.

Un médium viviente no es dueño de sus facultades. Eso de ver contra su voluntad, piensen ustedes lo grave que es. Bueno es que uno se concentre y pueda ver, pero por su voluntad.

Pero eso de ver contra su voluntad, de manera que está tan tranquilo y de pronto se presenta un monstruo del Astral y lo ataca, y si está en medio de una reunión, con gente muy decente y tal, y ante el monstruo se sorprende, da unos cuantos alaridos, unos cuantos gritos, sale corriendo, la gente se queda mirando. ¿Ya ven? ¿Qué pasó? Cuando mucho, lo llevarían donde el psiquiatra y de ahí para el manicomio, ese es el caso del médium viviente.

Así pues, hay que hacer girar ese Chacra de izquierda a derecha, positivamente. Para que se formen una idea mejor, ese Chacra se hace girar en la misma dirección de las manecillas de un reloj, pero cuando vemos al reloj de frente, no de lado sino de frente. Si lo miramos frente a frente, vemos como gira. Así debe girar ese Chacra: de izquierda a derecha.

Es fácil desarrollarlo. Sencillamente, uno coloca un vaso ahí, con agua, sobre una mesa, y se sienta cómodamente. En el fondo del vaso pone un espejito y pone también algunas gotas entre el agua de azogue o mercurio; bien sabemos en ciencia oculta, el valor del mercurio. Ponen algunas gotas entre esa agua, para que se cargue con el mercurio. Después, sentado uno cómodamente, a cierta distancia, se concentra en forma tal que la mirada atraviese el cristal, que caiga exactamente en el centro del vaso, en el centro exacto de la circunferencia.

Hay un mantra que hay que pronunciar; es el mantra de los Misterios Isíacos, que se pronuncia IS-IS, repartido en dos sílabas: IIIISSSS-IIIISSSS. Así es como se pronuncia el mantra ISIS. La “S” es como un silbido dulce y apacible. Al hacerla, al entonarla como es debido, es claro que hace girar el Chacra frontal de izquierda a derecha. Así pues, esto debe practicarse diez minutos diarios. Ahora, si alguien pudiera practicar este ejercicio durante treinta minutos diarios, el avance sería más rápido.

Lo interesante de este ejercicio es que se pueda practicar durante tres años seguidos, sin dejar ni un solo día de practicarlo. Se puede practicar, ya sea de día, de noche, a la hora que se quiera, pero practicarlo, y si uno va de viaje, pues tendrá que practicarlo donde llegue: en el hotel, donde pueda, pero no dejar pasar el día sin el ejercicio.

Si alguno en la vida tuviera esa tenacidad, para no fallar ni un sólo día, ese alguien adquiriría la clarividencia. Por ahí, a los quince días, o a los veinte, comienza uno a ver en el agua colores de la Luz Astral. Por ahí a los tres o cuatro meses, o seis meses todo depende del desarrollo psíquico de cada cual–, si pasa un carro por la calle, uno ve una cinta de luz y también ve el carro, moviéndose sobre esa cinta de luz. Esa “cinta de luz” es la calle y el carro se ve, claramente, moviéndose en esa cinta.

Después de un cierto tiempo –poco más o menos un año–, ya no será necesario, para ver, exclusivamente el vaso con agua. Sin embargo, practicará su ejercicio. Después de unos tres años, ya no necesitará el vaso para nada: podrá ver directamente en la Luz Astral; le bastará que él vea, y verá. Ya tendrá, entonces, la Clarividencia.

Obviamente, cuando se llega a ese grado, ya se ve el aura de las personas con una naturalidad sorprendente. El azul, por ejemplo, indica espiritualidad. Un aura verde, bien verde, indica desconfianza o celos. El verde brillante, escepticismo; el gris plomizo, egoísmo; un gris moreno, pero no plomizo, tristeza, melancolía. El rojo centelleante, ira; el rojo color de sangre, muy sucio, lujuria; el negro, odio; el amarillo, inteligencia; el anaranjado, orgullo; el violeta, mística trascendental, elevada, etc.

Así pues que, llega el día en que uno ve el aura de las gentes, pero tiene que estar siempre usando ese órgano para que funcione, porque órgano que no se usa, se atrofia. ¿Y cómo se usa? Hay que cerrar los ojos y tratar de ver con el Chacra frontal, romper las tinieblas –por decirlo así– para ver la luz astral, o para ver las auras de las gentes.

En principio, el aprendiz de clarividente resulta, dijéramos, muy entrometido en las vidas ajenas, y esa mala costumbre tiene que dejarla; tiene la tendencia a ver el aura de fulano, “para ver si es cierto que está con fulana”, o ver el aura de fulana “para ver si le está jugando sucio”. ¡Eso es gravísimo, porque así no se desarrollan las facultades! No, para que se desarrollen los poderes, se necesita, pues, aprender a respetar a los demás, no meterse uno en la vida privada de las gentes. Aunque a simple vista vea el aura de las personas, debe saber disimular, es decir, saberlo callar: ver la cosa y guardar silencio. Si así procede uno, se le desarrollará armoniosamente el chacra –ese espléndido– de la clarividencia.

 

La meditación también desarrollará ese Chacra: acostarse uno en su cama, tranquilo, con la cabeza hacia el norte; relajar bien su cuerpo, que ningún músculo quede en tensión. Enseguida, imaginarse una tierra fértil, lista para ser sembrada; imaginarse que está depositando la semilla de un rosal en la tierra; imaginarse que esa semilla está germinando, que va creciendo, que va desarrollándose, que va echando espinas y hojas, hasta que un día aparece la flor, la rosa, símbolo viviente del Logos Solar.

Luego, ir un poco más allá: imaginarse después cómo los pétalos de la rosa van cayendo, cómo las mismas hojas se van marchitando, cómo la misma planta va envejeciéndose, hasta convertirse en un montón de leños.

¡Eso es grandioso! Ese tipo de meditación, basado en el nacer y el morir de todas las cosas, desarrollará la clarividencia; la desarrollará, ayudará, coadyuvará en el desarrollo de ese sexto sentido maravilloso. Ese paso es fundamental. Mucho más tarde viene otro paso, que es aún más trascendental. No olviden ustedes que Imaginación, Inspiración e Intuición, son los tres caminos obligatorios de la Iniciación.

Una vez que uno sea capaz de ver la Luz Astral, una vez que sea capaz de ver el aura de las gentes, una vez que sea capaz de ver los “elementales” de las plantas, tendrá que pasar al siguiente escalón, que se llama Inspiración.

Continuando con el ejercicio sobre el nacer y el morir de todas las cosas, podemos también alcanzar el peldaño de la Inspiración. Si imaginamos que hemos sembrado la semilla y que el rosal va creciendo poco a poco, que va echando espinas, hojas, y que al fin echa rosas, podemos también pensar en el morir de aquél rosal, hasta convertirse en un montón de leños, y luego sentirnos inspirados. Ha desaparecido el rosal, pero debemos sentir en nuestro corazón la inspiración, esa inspiración nace de la comprensión. Uno llega a saber que todo lo que nace muere. Deviene, pues, un “algo” allá que se llama Inspiración.

Hay que procurar entrar en estado de éxtasis, de amor, de amor hacia todo lo creado, de amor hacia lo divinal, para que surja en uno la inspiración. Llegará el día en que uno podrá, no solamente ver, sino al mismo tiempo sentir inspiración.

Por medio de la Inspiración llega uno más hondo todavía, porque no solamente puede ver un árbol lejano, o el Elemental de un árbol, sino que a través de la inspiración llega uno a sentir con ese Elemental, llega uno a sentir la vida de esa criatura en el corazón.

Imaginación, Inspiración e Intuición, el tercer peldaño es la Intuición. Cuando uno es capaz de imaginar algo, cuando es capaz de sentirse uno inspirado y de llegar a derramar lágrimas al contemplar ese “algo”, entonces siente también algo más profundo, más hondo: “La Voz del Silencio”, de la que hablara Helena Petronila Blavatsky.

La Intuición es maravillosa. Por medio de la Imaginación, puede uno ver el Mundo Astral; a través de la Inspiración puede uno llegar al Mundo Mental, pero la Intuición lo lleva a uno al Mundo del Espíritu Puro. Entonces puede uno contemplar, allá, el espectáculo de la Naturaleza, del Universo; ver a la Naturaleza, al Universo, tal como es; moverse en el Mundo del Espíritu Puro, platicar con los Devas, con los Elohim o Prajapatis, con esa hueste creadora del Demiurgo; poder hablar directamente con ellos, para recibir de ellos la enseñanza, la sapiencia. Eso es Intuición.

No olviden, pues, que la Imaginación, la Inspiración y la Intuición, son los tres caminos obligatorios de la Iniciación. En principio es duro el trabajo. Conviene empezar con el ejercicio del vaso con agua: cerrar los ojos para tratar de romper las tinieblas y ver el Mundo Astral –no olvidar el mantram ISIS–, practicar la meditación, imaginando lo que quieran imaginar.

Ese es el primer paso: Imaginación. El segundo es ser capaz de sentirse uno inspirado, pasar más allá de los razonamientos, de las palabras, hasta el grado de sentir la palpitación de todos los corazones del Universo en sí mismo: llegar a sentirse hermano de los ríos, hermano de las aves que vuelan, hermano del árbol; llegar a comprender que todo el Universo en general, ha sido creado por la Palabra. Si uno llega a tal grado de inspiración, el conocimiento es mayor. Y al fin, por ese camino de inspiraciones, de oraciones, de exaltaciones, se consigue penetrar en el Reino de la Intuición, ese es el Reino del Espíritu Puro.

No sería posible entender realmente a los seres estrictamente espirituales que viven allá, en la región de los Elohim, si uno no tuviera desarrollada la Intuición. ¿Cómo entendería uno? Ellos hablan en cierta forma, en cierta manera, y si uno no es intuitivo, pues no entiende, hay que saberlos entender.

Todavía recuerdo, hace muchos años, muchos, tal vez unos cuarenta o cuarenta y cinco años atrás, en aquélla época yo andaba todavía “de capa caída”, como dicen, de Bodhisatva caído; sin embargo, es obvio que no había perdido mis facultades. En el Mundo Astral se me ocurrió invocar nada menos que al Angel Baruc, que fue el Maestro instructor de Jesús de Nazaret.

Ustedes dirán: ¿pero cómo, si Jesús es el Maestro de Maestros? Yo no les niego a ustedes eso, pero ustedes no me pueden negar que él estuvo en Egipto y que allá se sentó en los banquillos a recibir clases, como las están recibiendo ustedes aquí. El tuvo que, dijéramos, repasar todo el curso de enseñanza, antes de cumplir la gran misión que cumplió, y su Gurú entonces era el Ángel Baruc.

Pero vean ustedes lo que se me ocurrió a mí, llamar nada menos que al Ángel Baruc, al Maestro de Jesús de Nazaret, bastante atrevido era yo en época en que andaba yo de “capa caída”, como dicen. Bueno, y vino a mí el ángel Baruck. Sí, vino a mí, es un Elohim muy antiguo; él tiene una sapiencia única. Claro, salió de entre el interior de la tierra ¡sí señor! ¿De dónde salió? Del corazón de la tierra; se abrió una compuerta y junto con sus discípulos, se acercó a mí. “Soy el Ángel Baruc respondió, ¿para que me habéis llamado?” “Necesito platicar contigo”, fue mi respuesta. Bastante atrevido era en aquella época, ¿no? Si, es que así es uno, cuando anda “de capa caída”, y todo lo considera tan facilito, y a mí no se me hizo difícil poder platicar con él.

Bueno, se sentó en un cómodo sofá y me dijo: “Podéis hablar” –en ese lenguaje que ellos tienen, que no es un lenguaje seco como el de nosotros, por aquí abajo, sino dulce, “podéis hablar”. En ese momento, parecía el Ángel Baruck una hermosa doncella, pues bien sabido es que todo ser divino tiene dos almas: el Alma Espiritual, que es femenina; el Alma Humana, que es masculina. El puso a flote su Alma femenina, –es decir, su Walkiria– para platicar conmigo.

Lo primero que le dije fue lo siguiente: “Necesito una clave para despertarle la Clarividencia, instantáneamente, a cualquier ser humano”. El Maestro, o aquella damita –dama Maestro–, se quedó mirándome y me responde: “No puedo daros esa clave”. “Bueno, entonces necesito otra clave”. “¿Cuál es?” “Necesito una para que todo ser humano pueda salir instantáneamente del cuerpo físico, en Astral, cada vez que le de la gana”.

No eran muy hermosas las frases que yo estaba utilizando, ¿no? No eran, por cierto, las frases que debe usar un iniciado. ¡Bah, tenía el “yo” bien gordo! ¿Que más se podía esperar de mi? Entonces responde el maestro: “Tampoco puedo daros esa clave”.

Mal estaba yo en aquella época hace unos 45 años, “de capa caída”, porque yo había venido a este mundo como Bodhisatva caído. Le dije: “Bueno, entonces deme una clave para levantar dinero, pues bien mal estoy”. El maestro responde otra vez: “Tampoco puedo daros esa clave”. Pero luego, claro, me quedé mirando a aquella dama inefable, acostada en un cómodo diván, con una hermosa cinta en la cabeza.

Pues, francamente, uno como es hombre, del sexo masculino, ¿no? Me pareció hasta “guapita”, graciosita; me fue pareciendo cada vez más simpática. Lo único que no le dije fue que estaba hermosa, pero sí en mis adentros sentía como que estaba muy simpática.

Bueno, al fin, como yo estaba contemplándola y cada vez me parecía más guapa y en verdad que se veía bellísima, muy pronto hube de ser sorprendido por algo terrible, eso sí no lo aguardaba yo. Resulta que estaba yo viendo a la Walkiria, al Alma Espiritual esa es femenina, pero el Maestro echó su Alma Espiritual para el fondo, a su Conciencia Superlativa, y puso a flote su Alma Humana, la cual es masculina. Al ponerla a flote, se verificó el cambio, naturalmente. Entonces me encontré ante un anciano terrible, que lanzaba rayos y truenos por todas partes, con el cetro de mando en su diestra.

Yo estaba pues, asustado, porque estar contemplando a una bella damita inefable que me estaba pareciendo guapa y de pronto se me transforma en un varón terrible que lanza rayos y centellas, eso fue terrible como sorpresa. Entonces comprendí que estaba “metiendo la pata”, que ya la había “metido hasta arriba”. Luego no me quedó más remedio que pedir perdón. Todo humillado, en tierra me prosterné, mordiendo el polvo y pidiendo “cincuenta mil perdones”, habidos y por haber. “Perdóneme – decía–, no vuelvo yo a tener esa clase de pensamientos”.

 

El Venerable se envolvió en su manto de púrpura –un Elohim inefable– y luego me bendijo con la bendición gnóstica, y después de bendecirme habló con una perfección única. Me dijo: “Estás mal acompañado”. Se refería a los “yoes” que cargaba adentro, que no eran unas mansas palomitas. Y luego me dijo algo más: “Hubo un poco de falta de respeto, pero mientras el amor persista, todo está bien” –claro, el amor todo lo perdona–. Yo, pues, inclinado, prosternado, reconocí mi “metida de pata”. Humillado, pues, me bendijo y se fue.

Me quedé mirando esa perfección de criatura: su cuerpo, sus manos, su púrpura. Sus discípulos, los otros ángeles –los ángeles tienen sus discípulos-ángeles–, inmediatamente abrieron una compuerta y él descendió por ahí, hacia el corazón de la Tierra. Yo me quedé perplejo.

¡Pues a corregirme –no me quedó más remedio–, a corregirme, a corregir la palabra! Por ahí comencé. Yo tenía la tendencia a estar hablando de “Raimundo y de todo el mundo”, y desde ese momento en adelante, al haber visto esa perfección en la palabra del ángel Baruck, empecé a corregirme, a hablar con más cuidado, a no murmurar de nadie, a “amarrarme la lengua” aunque por dentro estuviera que me “reventaba”, pero callarme, callarme, hablar estrictamente las verdades.

Bueno, desde ahí para acá, sentí que ese ejemplo era para mi un ejemplo espantoso y resolví cambiar, pero cambiar de verdad. Comprendí que estaba yo en el lodo de la tierra, que realmente venía mal acompañado, como él me lo dijo. Multitud de “yoes” perversos cargaba en mi interior y es obvio que tuve que dedicarme a disolver esos “yoes”. Pero, ¿cómo no lo va a hacer uno, después de haber visto semejante ejemplo?

Ahora bien, al platicar con el ángel Baruck, si no hubiera tenido yo un chispazo de intuición, no hubiera entendido. ¿Por qué me dijo: “estáis mal acompañado”? ¿Por qué no quiso darme esas claves que yo pedí? Eso no se puede entender sino con la intuición. ¿Por qué no quiso darme la clave para despertarle la Clarividencia a cualquiera, instantáneamente? ¿Por qué no quiso darme la clave para poder desdoblar a alguien, o para enseñarle a la humanidad como desdoblarse cada vez que quisiera? Su silencio solamente lo vine a entender con la intuición.

De manera que, Imaginación, Inspiración, Intuición, son los tres caminos obligatorios de la Iniciación. Si uno se encuentra con el Elohim, cara a cara, solamente puede entenderlo si es intuitivo; si no es intuitivo, ¿cómo podría entenderlo? ¿De qué manera? Uno necesita ser intuitivo para poderlos entender.

Ha muchos años atrás, tuve otra escena extraordinaria: en un santuario maravilloso, hice una invocación. Había, en el centro mismo del santuario, una piedra triangular y la piedra estaba sostenida sobre una columna. Entonces llamé a Minerva, la Diosa de la Sabiduría. Pronto la piedra aquella triangular pareció animarse, resplandeció, y en el centro de esa piedra apareció el rostro de Minerva. Su respuesta fue concreta: “Soy Minerva, la Diosa de la Sabiduría; ¿qué queréis de mí?” “¡La sabiduría!”, le dije ¿Para qué quieres tú la Sabiduría?”

 

“¡Para ayudar a la humanidad!” Minerva guardó silencio y desapareció; solamente quedó la piedra triangular, sostenida sobre aquel poste, sobre aquella columna. ¿Me había dado la respuesta Minerva, sí o no? ¿Que dicen ustedes? ¿Me la había dado, o no? ¡Claro está que sí! Recuerden que el silencio es la elocuencia de la Sabiduría. Claro, en la piedra estuvo la respuesta; en esa piedra triangular, sostenida sobre una columna –una columna viva–, allí quedó la respuesta.

¿Qué representa esa piedra triangular? A las tres fuerzas: el Santo Afirmar, el Santo Negar, el Santo Conciliar; Brahama, Vishnú y Shiva; la fuerza positiva, la fuerza negativa, la fuerza neutra; el Padre, el Logos, y el Espíritu Santo. Y esa columna,

¿Qué representa? Representa a ese rayo original, de donde esas tres fuerzas divinas emanaron: aquello que Gurdjieff llamaría el “Activo Okidanock”, omnipresente, omnipenetrante. De ese Activo Okidanock, o Gran Aliento, como le dice la maestra Blavatsky, devienen esas tres fuerzas originales; pero ese activo “Okidanock”, a su vez, deviene del Sagrado Sol Absoluto.

El Activo “Okidanock” no podría crear por sí mismo el universo; necesita desdoblarse en las tres fuerzas primarias, para que ellas hagan una creación. Pero lo interesante de todo esto, es que el Sagrado Sol Absoluto quiere hacer cristalizar dentro de nosotros, las tres fuerzas primarias de la naturaleza y del cosmos. Si nosotros cooperamos con el Sagrado Sol Absoluto, esas tres fuerzas vendrán a cristalizar en nosotros. Entonces nos transformaremos radicalmente, habremos adquirido la Sabiduría.

Fue así como me contestó Minerva, y me contestó con el silencio, porque “el silencio es la elocuencia de la Sabiduría”. ¿Que nosotros necesitamos, de verdad, hacer cristalizar las tres fuerzas cósmicas dentro de sí mismos? ¡Es verdad! Ustedes saben que el Espíritu Santo, cristalizando dentro de uno, se convierte en el Cuerpo Astral, en el Cuerpo Mental y en el Cuerpo Causal. El Espíritu Santo, cristalizando en nosotros, hace de nosotros el “gentil hombre”: un hombre inteligente, capaz.

El Espíritu Santo cristalizando en nosotros, es un Cagliostro, el hombre que transmutaba el plomo en oro y que hacía diamantes de la mejor calidad. El Espíritu Santo hace al “gentil hombre”, al hombre sabio, inteligente.

El Cristo, cristalizando en nosotros, hace a un Jesús de Nazaret, hace a un Hermes Trismegisto, hace a un Gautama el Buda, hace a un Quetzalcoatl, hace a un Krisna, hace a un Zoroastro o Zaratustra. Y el Padre, cristalizando en nosotros hace a un “anciano” de verdad. En Sabiduría Oculta, entiéndase por “anciano en el saber”, o “anciano real”, aquel que ha logrado cristalizar en sí mismo no solamente al Espíritu Santo y al Logos, sino también al Padre que está en secreto.

De manera que si un hombre cristaliza las tres fuerzas primarias dentro de sí mismo, ha logrado la Sabiduría. ¿Qué más puede desear? Así pues hermanos, la respuesta de Minerva fue realmente extraordinaria, maravillosa, formidable; pero si yo no hubiera tenido intuición, ¿cómo hubiera podido interpretar? ¿De qué manera hubiera podido entender la voz del silencio? La respuesta de Minerva habría pasado para mí desapercibida. Afortunadamente, me ayudó la intuición.

Así pues, esa es una preciosa facultad que hay que desarrollar en nosotros; pero empecemos por la escala más ruda, la escala inferior, la de la Imaginación; prosigamos después con la Inspiración, antes de entrar en el Reino de la Intuición. El ejercicio que les he dado para la Imaginación, es sencillo. También les he dado un mantram, también les he explicado la meditación: cómo usar la Imaginación, cómo desarrollarla.

Hay dos tipos de Imaginación: existe la Imaginación mecánica y existe la Imaginación consciente. La Imaginación mecánica no sirve: es la fantasía, y la fantasía está formada con los desechos de la memoria; por lo tanto, no sirve. Se necesita la Imaginación consciente, de la Imaginación activa, de la Imaginación intencional. Ese tipo de Imaginación desarrollada, es grandiosa, sublime. Ese tipo de Imaginación desarrollada, permitió a Leonardo Da Vinci plasmar en el lienzo a “La Gioconda” (que, entre paréntesis, mucho se ha hablado de la Gioconda; algunos suponen que fue “la novia” de Leonardo Da Vinci.

 

Se equivocan los que así piensan. Cuando uno mira a la Gioconda, y yo los invito a ustedes a que reflexionen en esto, a que observen el cuadro de la Gioconda, ve que no tiene nada de “noviazgo”; no aparece, en ella, nada semejante. Es un cuadro sublime. Lo mira uno, y siente un éxtasis, un “algo” en el corazón, muy distinto a las emociones inferiores; siente uno un “algo” sublime, como si se encontrara uno frente a frente de un deiduso, de un ángel. En la Gioconda no hay nada de voluptuosidad, ni de erotismo, ni de coquetería, o algo que se pudiera parecer a cosa humana.

 

No hay nada de eso en la Gioconda. Se necesita ser intuitivo para entender lo que es la Gioconda).Leonardo Da Vinci en su “traslúcido”, captó la imagen de la Gioconda, que no es una imagen fantástica, lo que él captó. Captó a su propia Madre Divina Kundalini, y esa es la que pinta en el lienzo, es su Madre Divina.

¿En qué me baso yo, para decirles que la Gioconda es la Madre Divina Kundalini de Leonardo Da Vinci? ¿En qué me baso? Me baso en que soy alquimista y cabalista. Si ustedes miran el cuadro de la Gioconda, verán dos caminos allá, a lado y lado de la figura central. Uno de esos caminos, es espiraloide, el de la izquierda, y va al agua; el otro es un camino más largo: en vez de ir al agua, se interna en un bosque. Allí está la clave. El que entiende cuales son los dos caminos, sabe muy bien que Leonardo Da Vinci pintó a su Divina Madre Kundalini.

El camino espiraloide, que va al agua, es la “vía húmeda de la Alquimia”. Algunos iniciados, cuando llegan al estado legítimo de Hombres reales, verdaderos, se definen por la senda Espiral Nirvánica, por la “vía húmeda”. Esos se sumergen en el Nirvana, y por allá, en eternidades de eternidades, toman cuerpo alguna vez, y pueden tomar cuerpo en cualquier planeta del espacio infinito, para dar un paso adelante. De manera que ellos viven, ante todo, en felicidad, son dichosos. los otros, los que escogen la “vía seca” –o sea, la Directa–, se internan en el “bosque” de la Alquimia.

Leonardo Da Vinci pinta a su Divina Madre Kundalini, entre dos caminos: el de la Espiral, o sea la “vía húmeda”, y el de ese otro, el de la Directa, que se interna en el “bosque” de la Alquimia. Obviamente, solo con la ayuda de la Divina Madre Kundalini, puede uno avanzar en cualquiera de las dos vías, sea en la “vía húmeda” o sea en la “vía seca”.

Los alquimistas, hablando en lenguaje simbólico o alegórico, dicen que “en la vía húmeda el trabajo se puede realizar en 18 meses”, y que “el trabajo en la vía directa, es decir, en la vía seca, se puede realizar en 8 días”. Naturalmente, se está hablando en números simbólicos, pero resulta que, afortunadamente, somos alquimistas y conocemos el lenguaje de los alquimistas. Debido a eso podemos afirmar, en forma enfática, que la Gioconda de Leonardo Da Vinci es su propia Madre Divina Kundalini. ¡Y la pintó, sí señor! Esa es la Gioconda.

Así pues, si él no hubiera desarrollado el “traslúcido”, ¿cómo podría haberla visto? Pero él había desarrollado el “traslúcido”, y aún más, había subido por la escala de la Inspiración y había llegado también a la tercera escala que es la de la Intuición.

Imaginación, Inspiración e Intuición, son los tres caminos obligatorios de la Iniciación. Es necesario que todos ustedes, pues, vayan comprendiendo la necesidad de empezar por subir, aunque sea el primer escalón, que es el de la Imaginación. Empezar siquiera por ahí, porque si ustedes comienzan a dar el primer paso por la senda de la Imaginación, más tarde darán el paso hacia la Inspiración y mucho más tarde hacia la Intuición. Pero no se queden embotellados en el intelecto, nada más, porque el intelecto es tan sólo un escalón muy inferior. No es necesario que ustedes se queden en un peldaño muy bajo; hay que dar otro paso y entrar en el nivel de la Imaginación, y mucho más tarde se da el otro paso que los lleva al Reino de la intuición.

No hay que quedarse embotellado en el intelecto. Ese es el error de muchos que fracasan en estos estudios, porque se quedan enfrascados, nada más en el intelecto, y el intelecto jamás puede llevarnos a la iluminación. ¿Cuándo creen ustedes, acaso, que el intelecto puede llevar a alguien a la iluminación? Aquellos pseudo-esoteristas o pseudo-ocultistas que se han quedado embotellados en el intelecto, llegan a viejos sin haber hecho nada, completamente fracasados en estos estudios.

Así pues, no nos quedemos en el intelecto. No, empecemos de una vez por dar el paso hacia el Reino de la Imaginación. Conforme ustedes vayan entendiendo esto, prácticamente, así irán avanzando más y más y más.

Hay algunas prácticas que son atrevidas, que sólo se las digo a ustedes. Y voy a darles otra práctica, para ver si ustedes también se vuelven atrevidos y la hacen. La que les voy a dar, es la siguiente: colocar un espejo grande, frente ustedes. Al lado derecho se enciende una vela –o una “veladora” para ser más claro–, pero en forma tal que la llama no se refleje en el cristal. Magnetizar el espejo, fuertemente. Enseguida concentrarse en el corazón, sí, en el corazón, profundamente, pronunciando los mantrams OM-JUM, para abrir el Chacra del corazón.

Rogarle a la Madre Kundalini que lo haga; imaginarse –y ese es un trabajo fuerte de Imaginación– que en el corazón hay una caverna profunda, una caverna en llamas, donde existe mucho fuego. Imaginarse que ahí tiene que aparecer la Divina Madre, en figura de serpiente. Pedirle a ella que aparezca, además pedir que aparezca, pero pronunciando los mantras OM-JUM.

Cerrar los ojos, en meditación profunda; poner un poquito de sueño, un poquito, y ese poquito combinarlo con la meditación, y si así, entre sueños, entre-despierto, logra ver a la Serpiente ahí, entonces, ya vista, pedirle a la Serpiente que en el espejo nos muestre la imagen de nuestro pasado retorno, de nuestra pasada existencia, para ser más claro. Dicho esto, concentrarse en el espejo, mirando fijamente, sin pestañear, hasta que el espejo como espejo desaparezca. Si logramos que desaparezca mirando sin pestañear, entonces aparecerá otra figura en su reemplazo: la figura de nuestra personalidad en la pasada existencia.

Se necesita mucho valor; eso es claro. Y si seguimos suplicando a la Madre Divina, si le rogamos que nos haga ver esa pasada existencia, tal como sucedió, si la concentración es buena podremos llegar a ver realmente, la pasada existencia tal como sucedió.

Ese es otro modo maravilloso para llegar a conocer la existencia anterior y las existencias anteriores. Por ese procedimiento, no solamente se puede repasar la vida anterior, sino que se pueden repasar todas las demás vidas anteriores.

 

Hay que ser prácticos; pero si uno quedara embotellado nada más que en el Intelecto, pues no más no, no consigue nada, porque el intelecto no sirve para eso. El intelecto es útil, sí, muy útil, todos lo necesitamos, pero dentro de su órbita. Un planeta también tiene existencia y es útil dentro de su órbita. El átomo, dentro de su órbita, está correcto, pero si algún planeta se saliera de su órbita, provocaría una catástrofe, sería inútil. Así también, una facultad cualquiera fuera de órbita es inútil.

El intelecto es útil dentro de su órbita; fuera de su órbita, no sirve. Pero el error de nosotros es creer que sí sirve y que con el intelecto tenemos que llegar a ver los Misterios de la Vida y de la Muerte, etc., etc., etc., y eso es falso.

No quiero decirles que destruyamos el intelecto; no, eso no es lo que estoy diciéndoles. Lo que estoy diciéndoles es que lo dejemos dentro de su órbita y que subamos, de verdad, por los caminos de la Imaginación, de la Inspiración y de la Intuición; que necesitamos de otras facultades, que solamente así podremos llegar a estar iluminados.

El intelecto no puede llevarnos a la iluminación. Lo más que puede hacer es sembrar el ansia, el anhelo de llegar a saber algo, de comprobar, de verificar lo que hemos estudiado, pero de ahí no pasa. Creer que pasa de ahí, pues es absurdo, no pasa de ahí, tan absurdo como querer sacar a un planeta de su órbita.

Cualquier facultad es útil dentro de su órbita; fuera de su órbita, es inútil. Dejemos al intelecto en su órbita y apelemos a la Imaginación; vamos a desarrollarla, y cuando ya la hallamos desarrollado, entonces subiremos por las escalas de la Inspiración y de la Intuición.

Reflexionen en todo esto, mis queridos hermanos, reflexionen. Incuestionablemente que con paciencia, se puede llegar muy lejos, de verdad, muy lejos en estos estudios. Pero hay que trabajar, porque si todo lo volvemos teoría, entonces nos quedamos en puras teorías. Samael Aun Weor 

Añadir un comentario