Samael Aun Weor responde

El V.M. Samael Aun Weor, despues de cada intrvención, bien fuese en conferencias públicas, o en las distintas asociaciones, siempre daba la oportunidad de preguntar, sobre posibles dudas que pudieran tener los oyentes o aclaraciones que consideraban pertinentes.RespondeApariencias

Solía decir "Quien tenga que preguntar, que pregunte, que nadie se quede con dudas, y si no están de acuerdo, digan por qué, y si quieren refutar, pues refuten, esto no es un dogma, solo les digo lo que me consta..."

Maestro: la vida espiritual es muy bella, pero uno con esta vida tan difícil y tan dura, tiene primeramente que ver por su mujer y por sus hijos, y esto no le permite a uno dedicarse a la vida espiritual que usted predica.

Respuesta: El amigo está cometiendo un error gravísimo al querer establecer un abismo entre la vida espiritual y la vida material, y es que el caballero no se da cuenta de que la vida cotidiana con su tráfago brutal es precisamente el taller donde trabaja el "Íntimo", y la maravillosa escuela donde el Alma adquiere y perfecciona todas sus facultades. Aquel que desprecia esta maravillosa escuela, no es espiritualista.

P. Maestro: ¿Por qué usted para escribir no requiere libros de consulta, ni diccionarios enciclopédicos, ni posee biblioteca alguna?

R. Porque yo no soy intelectual ni quiero serlo. El intelecto es totalmente deficiente como facultad cognoscitiva. El intelecto se nutre de las percepciones sensoriales subjetivas y con esas sensaciones elabora sus conceptos de contenido (de lo que contienen sus sensaciones). Si el ser humano tuviera todos sus sentidos desarrollados abandonaría el intelecto, porque se daría cuenta exacta de que la información intelectiva es limitada y solo se basa en cinco de los doce sentidos que tiene el hombre.

Mas como el hombre es todavía un embrión, utiliza el intelecto como fuente de información cognoscitiva, pero los que ya hemos desarrollado los siete sentidos restantes no necesitamos del intelecto para nada, y miramos con piedad a los intelectuales; ellos son para nosotros, los gnósticos ocultistas, algo así como las escuelas de enseñanza primaria, como el perfume del pasado, como las borrosas imágenes de nuestros abuelos.